
8 de marzo: Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras
Acerca de las tareas de cuidados y la sostenibilidad de la vida.
¡Nuestro tiempo vale!.
Limpiar la casa, lavar la ropa, gestionar turnos médicos, hacer los deberes de la escuela, alimentar, consolar, acompañar… son tareas de cuidados. Tareas que sostienen nuestras vidas y, aún así, son invisibilizadas y no reconocidas. En nuestra sociedad, los cuidados recaen centralmente en las mujeres; lo cual funciona como un vector reproductor de la desigualdad de género. ¿Qué significa esto? Veamos.

¿Qué son las desigualdades de género?
Se trata de un fenómeno estructural (porque es un principio organizador de las relaciones sociales), transversal (porque, en menor o mayor medida, afecta a todas las mujeres y población LGBTIQ+) e interseccional (porque interactúa con otras desigualdades) que sostiene y legitima relaciones de poder jerárquicas en las que mujeres y LGBTIQ+ se ven perjudicadas.
La desigualdad de género se expresa en las formas en las formas en las que producimos y (nos) reproducimos socialmente. En este sentido, podemos decir que los estereotipos de género (aquello que se espera socialmente de “lo femenino” y “lo masculino”) inciden, entre otras cosas, en la forma en la que se distribuyen los trabajos y los valores que se les asignan.
Trabajo doméstico y de cuidados dentro y fuera del hogar
En tiempos de crisis, tales como el que vivimos tras el temporal, estas tareas son fundamentales, vitales. Sin embargo, permanecen invisibilizadas.
La figura del iceberg lo representa claramente: del agua sobresalen el sistema financiero, la producción industrial, el ámbito público y, por debajo, el trabajo doméstico y de cuidados, la naturaleza y las redes comunitarias.
Esta imagen nos remite a la cuestión de la organización social de los cuidados, vinculada a la forma interrelacionada en la que las familias, el Estado, el mercado y las organizaciones producen y distribuyen cuidado. Esta noción se ve representada en la figura del “diamante de cuidado”.

Esta imagen nos remite a la cuestión de la organización social de los cuidados, vinculada a la forma interrelacionada en la que las familias, el Estado, el mercado y las organizaciones producen y distribuyen cuidado. Esta noción se ve representada en la figura del “diamante de cuidado”.

Estos actores interactúan conformando redes de cuidados, más o menos densas según la participación de cada actor.
En nuestra sociedad, los cuidados tienden a recaer mayormente en los hogares y en las redes comunitarias.
La distribución de estas tareas es estructuralmente desigual. De acuerdo a la Encuesta sobre Trabajo no remunerado y uso del tiempo (INDEC), en 9 de cada 10 mujeres realizan estas tareas, dedicando tres veces más tiempo que los varones.
Esta asimetría nos ayuda a entender distintos fenómenos que caracterizan el mercado laboral, tales como la menor participación en el mercado laboral (la tasa de actividad de las mujeres es del 49% frente al 69,4%) o la mayor incidencia de trabajos precarios/de tiempo parcial (por combinarse con tareas domésticas y de cuidados en el hogar) y la feminización de la pobreza (las mujeres representan el 64% de la población de menores ingresos).
En el caso de travestis y trans, la situación de desigualdad se profundiza. De acuerdo al informe “Cumbia, copeteo y lágrimas” de 2007, la prostitución es la principal fuente de ingresos; mientras un 14,8% consignaron trabajos como peluquería, costura o depilación.
Asimismo, las representaciones acerca de “los trabajos de las mujeres” –asentadas en estereotipos de género”– inciden en el tipo de actividad laboral y la calidad del empleo, reproduciendo una segregación vertical y horizontal.
En la siguiente imagen, pueden verse algunas expresiones de las relaciones de género en el mercado laboral.

Pisos pegajosos/Techo de cristal: Estas figuran refieren a la llamada “segregación vertical”. Con “pisos pegajosos”, se hace referencia a los obstáculos reales y barreras invisibles –hechas de prejuicios y reglas no escritas– que impiden a las mujeres crecer en sus ámbitos de trabajo a la par que los varones con similares aptitudes. Asimismo, esta noción expresa no sólo las dificultades de ascender en una empresa, sino también la mayor representación de las mujeres en los segmentos más pobres de la población, en la base de la pirámide socio- económica. Estrechamente ligada a esta imagen, tenemos la noción de “techo de cristal”, que expresa la existencia de límites implícitos, pero bien reales. Se trata de barreras socioculturales que frenan el acceso de mujeres a cargos de rango superior.
Paredes de cristal: Se llama “paredes de cristal” a los obstáculos que existen para que las trabajadoras se desempeñen en actividades asociadas a “lo masculino”. Refiere al fenómeno de la “segregación horizontal”: las mujeres estamos sobre- representadas en las actividades de servicios, que se asimilan a extensiones de tareas domésticas y de cuidados. Tanto en el presente como en 1900, las principales ocupaciones de las mujeres han sido empleada doméstica, maestra y enfermera.
Laberintos de cristal: este concepto es alternativo al de Techo de cristal y, en lugar de concebir la carrera laboral de forma ascendente y unidireccional, hace hincapié en las experiencias de mujeres jóvenes y sus trayectorias laborales, observando marchas y contramarchas. Pensemos: ¿de qué maneras incide en una carrera tener hijos/as? ¿O cuidar de familiares que transitan una enfermedad?
Pobreza de tiempo y carga mental: La sobrecarga de estas tareas en las mujeres impacta en la calidad de vida. Vale introducir en este punto el concepto de “carga mental”, que alude a la enorme cantidad de exigencias vinculadas a la coordinación y los malabares para cumplir con ellas: no sólo ejecutarlas, también pensarlas (y ser las “responsables” de que se cumplan) suponen una postergación de nuestros deseos y tiempo. En este sentido es que no se trata de que los varones “ayuden” en casa, o diligentemente hagan las tareas que las mujeres del hogar les deleguen; sino de realmente distribuir las responsabilidades de formas más equitativas.
Visibilizar, reconocer y valorar: las tareas de cuidados hacen al mundo andar
La que recibe al bebé de la vecina cuando se va a trabajar; la que remienda la ropa; la que pone la vacuna y la que enseña a leer.
La que escucha y gestiona; la que cocina para el barrio; la que teje redes solidarias…
Todas ellas.

Este 8 de marzo, aprovechemos para tomarnos un momento para visibilizar estas tareas y reconocer a quienes las realizan. Vale la ocasión también para preguntarnos: ¿Qué pasaría si esas tareas feminizadas y desvalorizadas que sostienen la vida fueran realmente reconocidas?, ¿cómo cambiarían las relaciones interpersonales, los modos de organizar y distribuir los trabajos, los cuidados y tiempos?
Links a materiales de consulta
- “Calculadora de cuidado”
- “Cumbia, copeteo y lágrimas” (Lohana Berkins, 2007)
- Cuadernillo “Perspectiva de género y diversidad”, Colección XYZ, mingeneros.
- Dossier estadístico en conmemoración del 112° Día Internacional de la Mujer (INDEC, 2023)
- Encuesta Nacional de Uso del (INDEC, 2022)
- Informe de la Dir. Nacional de Economía, Igualdad y Género. “Los cuidados, un sector económico estratégico Medición del aporte del Trabajo Doméstico y de Cuidados no Remunerado al Producto Interno Bruto”.
- Informe sobre la participación de las mujeres en el trabajo, el ingreso y la producción. (Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, 2022).
- Video de Economía feminista. Organización social del cuidado. Impactos en inserción en mercado laboral y en autonomía de las mujeres
