La errante… Está habitada por una mujer que emerge de la oscuridad del escenario para construir una relación intima у directa con cada espectador. Por momentos, da la sensación de que la protagonista le habla solo a uno, que el espacio se achica hasta convertirse en una conversación personal.
La Obra logra lo que el teatro mejor sabe hacer: volver presente lo que duele, lo que persiste, interpelar a través de preguntas y tocar las fibras más sensibles del público para reflexionar acerca del dolor humano.
El espectador tendrá la impresión de encontrarse frente a ella, a la verdadera Anna Fierling, con su tono provocador, irónico, despectivo, cínico, despiadado y, a veces tierno, de madre. Una sobreviviente, errante, comparte con cada espectador algunos temas sumamente actuales, en particular el de la guerra, el del ser madre, no solamente en el marco de un conflicto armado, en muchos momentos ejemplo y metáfora de la realidad.

