VISTO
El proyecto de ordenanza obrante de fojas 30 a 46, referido a la necesidad de actualizar y/o corregir los nombres científicos de algunas de las especies declaradas como “emblemáticas” en el Partido de Bahía Blanca por la ordenanza nº 12.671, así como de incorporar nuevas especies y sus ambientes a dicha declaración.
Y CONSIDERANDO:
Que la ordenanza nº 12.671, sancionada el día 20 de mayo de 2004, declara a diversas especies de la fauna silvestre de la ciudad de Bahía Blanca como “emblemáticas” (artículo 1º).
Que dicha ordenanza, en su artículo 2º, faculta al Departamento Ejecutivo a conformar una Comisión Técnica Asesora para evaluar la situación y problemática de las especies declaradas como “emblemáticas”, así como las que de ellas dependen.
Que asimismo, la ordenanza de referencia asigna a la Comisión Técnica Asesora que crea, la función de proponer estudios e investigaciones de las especies declaradas como “emblemáticas” y su ambiente, así como de recomendar la creación de figuras legales para su protección, y la de crear programas de educación ambiental a difundir en establecimientos educativos, medios de comunicación y en eventos varios (articulo 3º).
Que a foja 1, obra nota presentada por la Comisión Técnica Asesora, por la que, a los efectos de gestionar, promover y desarrollar proyectos de conservación de los ambientes del partido de Bahía Blanca, solicita “la modificación e incorporación de nuevas especies a la ordenanza nº 12.671”.
Que conforme a dicha comisión, las especies silvestres propuestas como “emblemáticas”, al momento de sanción de la ordenanza, son eslabones fundamentales de algunos de los ambientes naturales de nuestro partido, tanto continentales (pastizales, bosques, lagunas, arroyos y ríos) como marinos (costas, islas y marismas).
Que en la nota presentada, la Comisión mencionada hace alusión a que “la importancia de conservar estos ambientes no se circunscribe sólo a su flora y fauna, sino también a cuidar las relaciones que se producen entre estos elementos y su medio físico, todo ello en estrecha relación con los seres humanos, ya que en su conjunto nos brindan una infinidad de servicios ecosistémicos.
Que asimismo la Comisión Técnica Asesora hace hincapié en que conocer y valorar la diversidad de estos ambientes y especies nativas no sólo genera conocimientos y responsabilidad, sino que también habla de la historia y de la cultura de la región; aspectos que entiende que contribuyen a construir la identidad de nuestra comunidad, de nuestra identidad.
Que por otra parte dicha Comisión considera que en la actualidad, otras especies no listadas en la ordenanza en análisis, están en situaciones críticas o vulnerables debido a las presiones de uso o abuso de los ecosistemas y de los recursos naturales.
Que las circunstancias descriptas en el párrafo ut supra a entender de la Comisión de referencia, ponen en riesgo las funciones ambientales que brindan las especies aludidas así como su continuidad.
Que por las razones esgrimidas precedentemente, la Comisión Técnica Asesora cree necesario ampliar las especies declaradas “emblemáticas” en el Partido de Bahía Blanca, con el objeto de trabajar en su valoración y conservación.
Que respecto a las especies vigentes en la ordenanza en examen, la Comisión citada estima necesario corregir los nombres científicos de algunas de las especies ya listadas, así como incluir el detalle de las aves playeras (chorlos y playeros) que se encuentran en nuestras costas y el estuario y que son alcanzadas por la ordenanza bajo el denominador de “Chorlos”.
Que a fojas 2/15 la Comisión Técnica Asesora adjunta los motivos por los cuales se procura el resguardo tanto de las especies “emblemáticas” ya incorporadas a la ordenanza nº 12.671, como de aquellas que se pretende incluir, en tanto que a fojas 16/22 obran las referencias bibliográficas utilizadas.
Que a fojas 23 consta copia de la ordenanza nº 12.671 vigente, así como a foja 24 se agrega el decreto municipal nº 1423/05, por el que se aprueba la conformación de la Comisión Técnica Asesora señalada integrada por especialistas en distintas especies, miembros de organizaciones no gubernamentales que bregan por la conservación de la fauna y los ambientes naturales y agentes municipales vinculados a la temática.
Que a fojas 25, la subsecretaría de ambiente del municipio efectúa un informe técnico en virtud del cual se comparten los criterios vertidos por la Comisión Técnica Asesora creada por la ordenanza N° 12.671, proponiendo
“añadir una definición de “Especies Emblemáticas” a la modificatoria propuesta a los fines de precisar la acepción y alcance de dicho término”, así como sugiriendo “integrar en su texto los motivos por los cuales se procura el resguardo de dichas especies”.
Que por último, a foja 26, la subsecretaría de ambiente gira las presentes actuaciones a la dirección de Bromatología, Protección de la Salud y Bienestar Animal, a fin de que tenga a bien emitir las consideraciones que estime pertinentes, no encontrando dicha dirección según foja 27, “objeción alguna a la actualización/corrección de los nombres científicos de las especies emblemáticas actualmente obrantes en la ordenanza de referencia como así tampoco a la incorporación de nuevas especies y sus ambientes propuestos”.
Por lo expuesto, el H. Concejo Deliberante en uso de sus facultades sanciona con fuerza de
O R D E N A N Z A
Artículo 1º – Modifícase el artículo 1º de la ordenanza nº 12.671, el que quedará redactado de la siguiente forma:
“Artículo 1: Decláranse como “Especies Emblemáticas del Partido de Bahía Blanca” a las siguientes:
Cangrejo cavator (Neohelice granulata)
Gaviota cangrejera (Larus atlanticus)
Delfín de plata o franciscana (Pontoporia blainvillei)
Tiburones escalandrún (Carcharias taurus) y bacota (Carcharhinus brachyurus)
Guanaco (Lama guanicoe)
Puma (Puma concolor ssp)
Loica pampeana (Leistes defilippii)
Gato del pajonal (Leopardus pajeros)
Aves playeras
Loro barranquero (Cyanoliseus patagonus)
Cardenal amarillo (Gubernatrix cristata)
Flamenco austral (Phoenicoptenus chilensis)
Ñandú (Rhea americana)
Delfin nariz de botella o ferones (Tursiops truncatus gephyreus)
Gato montés (Leopardus geoffroyl)
Mara (Dolichotis patagonum)
Tucu tucu (Ctenomys talarum recessus)
Murciélago cola de ratón o moloso común (tadarida brasillensis)
Tiburones y Rayas
Tortugas marinas
Camarón (Artemesia longinaris) y Langostino (Pleoticus muelleri)
Caracoles (Plagiodontas patagonicus y Chilina parchappii)
Caldén (Neltuma caldenia)
Chañar (Geoffroea decorticans)
Malvita rosada (Modiolastrum australe)
Palo azul (Cyclolepis genistoides)
Espartina (Spartina alterniflora)
Artículo 2º – Incorpórase a la ordenanza nº 12.671 el artículo 1º bis, el que quedará redactado de la siguiente forma:
“Artículo 1º bis: Entiéndese por “Especies Emblemáticas” a aquellas que por su valor biológico, ecológico, cultural o antrópico, pasan a formar parte del patrimonio ambiental común a todos los habitantes de un determinado territorio, tanto por el interés que despiertan en la opinión pública, como por el papel que desempeñan en los ecosistemas. Se trata de especies banderas o simbólicas con el objeto de reconocerlas como embajadoras, a través de las cuales poder educar, conservar la naturaleza y fomentar la identidad local.”
Artículo 3º – Incorpórase como Anexo I a los motivos por los cuales se declaran como “Especies Emblemáticas del Partido de Bahía Blanca” a las detalladas en el artículo 1º, el que formará parte integrante de la presente ordenanza.
Artículo 4º - Comuníquese al Departamento Ejecutivo para su cumplimiento.
ANEXO I – ESPECIES EMBLEMÁTICAS DEL PARTIDO DE BAHÍA BLANCA. FUNDAMENTOS
Cangrejo cavador (Neohelice granulata)
El cangrejo cavador Neohelice granulata es un crustáceo que construye cuevas elaboradas en el intermareal durante las mareas bajas, otorgando una especial fisonomía a las regiones donde se encuentra, denominadas “cangrejales”. Es una especie semiterrestre de estuarios de América del Sur: se distribuye desde el Golfo San José, norte de la Patagonia Argentina, a través de Uruguay hasta Río de Janeiro, Brasil (Elías et.al., 2004).
Debido a su gran actividad cavadora, es considerado un organismo bio-turbador en planicies de marea y marismas del estuario. Este cangrejo tiene un rol ecológico clave en el estuario de Bahía Blanca como ingeniero ecosistémico. Este concepto se refiere a que realiza modificaciones en el ambiente que afecta fuertemente otros organismos, ya que su ausencia o presencia tiene un desproporcionado impacto sobre el ecosistema (Angeletti y Cervellini, 2018).
Mientras construyen y mantienen sus cuevas, los cangrejos envían sedimentos a la superficie y forman montículos cerca de las entradas. En las zonas intermareales del estuario de Bahía Blanca se encontraron densidades máximas de 172 cuevas por m2 (Angeletti, 2017). Como resultado de este disturbio en el sedimento, el cangrejo cavador puede afectar directa o indirectamente a otras especies como plantas, poliquetos, almejas, otras especies de cangrejos, aves, roedores, entre otras (Escapa et. al., 2004). Por otro lado, también ocupa una posición trófica de alto valor ecológico en nuestro estuario, ya que es depredado por la gaviota cangrejera y por peces de interés comercial, como la corvina.
En la zona interna del estuario de Bahía Blanca se ha descrito un fenómeno de interacción biológica protagonizado por las cuevas de cangrejo cavador y la planta Sarcocornia perennis. Donde la planta crece en forma de anillo de 1.5 hasta 8 m de diámetro, los clones de las plantas se concentran en los extremos y el sector central es dominado por cuevas de cangrejos. Como resultado de la continua remoción de sedimento por los cangrejos, los cuencos permanecen hundidos y acumulan agua aún en marea baja (Perillo e Iribarne, 2003).
El rol bioturbador de los cangrejos cavadores afecta la estructura de los sedimentos, debido a que la naturaleza cohesiva de la matriz orgánica se interrumpe durante este proceso. También influye en la química de los sedimentos, ya que además de afectar directamente la porosidad y la permeabilidad de los sedimentos, esta especie tiene gran importancia ecológica al ayudar a airear los suelos que contienen sedimentos anóxicos (sin oxígeno). También las cuevas favorecen el entrampamiento de sedimento, materia orgánica y contaminantes que llegan con la marea (Escapa et.al., 2007, Angeletti et. al. 2018a).
La presencia de cuevas de Neohelice granulata interactúa con la hidrodinámica de la interfase sedimento-agua del estuario de Bahía Blanca, produciendo alteraciones en los patrones de erosión, transporte y sedimentación, los cuales pueden tener consecuencias a gran escala en las geoformas. Se demostró que en sitios con mayores densidades de cuevas y de montículos, existen mayores tasas de erosión y de movilidad de los sedimentos. De esta forma aumenta el aporte de sedimentos biodisponibles que se dispersan en la columna de agua (Angeletti et. al., 2018b) .
Si bien los cangrejos se cuentan de a cientos y parecieran no correr riesgos, estudios recientes indican que el uso de plaguicidas en el sector continental y su posterior escurrimiento hacia el mar puede causar alteraciones en el sistema reproductor de los cangrejos (Canosa et. al. 2024), un efecto similar al que pueden producir los restos de medicamentos, como el diclofenac, que terminan en las aguas costeras por los efluentes urbanos (Lofrano et. al. 2022).
Gaviota cangrejera (Larus atlanticus)
La gaviota cangrejera (Larus atlanticus) es una especie de gaviota exclusiva de la costa atlántica sudoccidental que se reproduce solamente en Argentina con casi la totalidad de sus colonias de nidificación ubicadas en islas del estuario de Bahía Blanca. Recibe su nombre debido a la dieta especialista que adquieren en esta parte de su ciclo, en donde alimentan a sus pichones de los cangrejos que atrapan en los intermareales (Berón 2003).
Si bien la totalidad de sus colonias se encuentran al resguardo dentro de áreas protegidas, se ha visto que las áreas de alimentación se encuentran mayormente por fuera de los límites de éstas, algunas cercanas a zonas con influencia de los vertidos industriales y urbanos, por lo que para garantizar su conservación se requiere de una mirada integral (Petracci et. al., 2024). Luego de la reproducción, algunos individuos se dispersan localmente y otros migran distancias mayores llegando hasta Uruguay y el sur de Brasil)
Las últimas estimaciones poblacionales, realizadas hace más de una década, indicaban que no habría más de 8 mil parejas reproductivas para la especie, concentrándose el mayor número en la colonia del estuario de Bahía Blanca más cercana al continente, a poco más de dos kilómetros del sector industrial portuario. Debido a esta cercanía, cuando se realizó el dragado de profundización del Canal Principal, que lo llevó a 45 pies hacia mediados de 1990, parte del sedimento retirado fue volcado y reacomodado sobre este islote, alterando sensiblemente su geografía. Si bien en ese entonces no se conocía su presencia, el análisis reciente de fotografías aéreas de este sector demostraron que este sitio ya era importante para la nidificación de la gaviota cangrejera, evidenciándose en las marcas de guano que producen su agrupamiento cuando nidifican. Su reasentamiento no se produjo hasta una década más tarde (Delhey et. al. 2001), volviendo a hacerlo en cada temporada. Desde 1999 este islote, que queda por fuera de los límites de la Reserva Natural Bahía Blanca, Bahía Falsa y
Bahía Verde, fue incluido al sistema de áreas por decreto y ratificado el 21 de octubre de 2022 por la Ley bajo el nombre de Reserva Natural Islote De La Gaviota Cangrejera (Ley 15.362).
Si bien sus poblaciones parecieran estables y no alcanzaría los criterios de amenaza de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la última del estado de conservación de las aves de Argentina ha decidido incluirla como especie Vulnerable debido a otras amenazas que pudieran comprometer a la población, tales como la muerte incidental en artes de pesca, colecta de huevos, contaminación por metales pesados, pérdida de hábitat por el aumento del nivel del mar (MAyDS y AA 2017).
Delfin del plata o franciscana (Pontoporia blainvillel)
Dentro de la riqueza natural con que cuenta el Partido de Bahía Blanca, existen especies en diferente grado de amenaza que son representativas y de importancia relevante, tanto en el ecosistema marino como en el ambiente continental y entre ambos.
Se han declarado especies “emblemáticas” y “bandera” o “símbolos” con el objeto de reconocer a las mismas y a través de ellas poder educar ambientalmente a la comunidad y fomentar la identidad local.
El Delfin Franciscana (Pontoporia blainvillel) es un cetáceo odontoceto, única especie representante de su género. Es un pequeño delfín costero, endémico del océano atlántico sudoccidental. Su nombre “franciscana” se debe a su coloración marrón ocre en la parte dorsal, más claro en los flancos y en la región ventral, que asemeja al color de la ropa que llevan los monjes franciscanos.
Habita exclusivamente aguas de la costa este de Sudamérica y se encuentra solamente en tres países: Brasil, Uruguay y la Argentina (en las provincias de Buenos Aires, Río Negro y Chubut) (Denuncio et. al. 2019).
Se alimenta de peces, crustáceos, calamares y otros invertebrados, ocupando un lugar importante en la cadena alimentaria, conectando productores y consumidores. Por este motivo se considera como indicador de salud en el ecosistema, ya que su presencia y abundancia indican la salud y biodiversidad del lugar que habitan. La mayor amenaza que enfrenta en toda su área de distribución es el enmalle con las redes de pesca, en donde se enredan y pierden la vida. Esto es particularmente más grave cuando quienes quedan atrapadas son las hembras gestantes o madres, provocando la posterior muerte de sus crías por inanición. Debido a esta disminución de sus poblaciones, ha sido clasificada a nivel nacional como Vulnerable (Denuncio et. al., 2019) y fue declarado como Monumento Natural de la Provincia de Buenos Aires (Ley 14.992). Además, su cuerpo puede acumular, entre otros contaminantes, metales pesados como mercurio (Gerpe et. al. 2002) y compuestos organoclorados tales como el PCB (Lailson-Brito et. al. 2011), indicando niveles de contaminación en el agua.
Si bien hasta la fecha no existen estudios exhaustivos para estimar su abundancia en la zona, el estuario de Bahía Blanca funciona como un refugio para las poblaciones de esta especie, estando presente en prácticamente todos los grandes canales (Petracci et. al 2023), en la mayoría de los casos en grupos de uno a tres individuos. Es frecuente ver ejemplares de delfín franciscana a lo largo de todo el Canal Principal, a pesar de ser la parte más alterada del estuario con un alto tránsito naviero y la descarga de distintos efluentes de origen industrial y urbano.
Al mantener su condición de emblemática, sirve para generar conciencia sobre la conservación del estuario y su protección, ya que es uno de los pocos lugares en el mundo donde se localiza y aún falta investigación para saber el estado de la población en nuestro estuario.
Tiburones escalandrún (Carcharias taurus) y bacota (Carcharhinus brachyurus)
Carcharias taurus es un tiburón que habita las aguas costeras templadas y templado-cálidas de todos los mares del mundo. Regionalmente se lo encuentra desde Espíritu Santo (Brasil) hasta la provincia de Chubut (Argentina) donde los adultos migrarían. Los individuos forman parte de una misma población (Lucifora 2003). No se han encontrado evidencias de que las poblaciones de C. taurus de distintos mares se mezclen, lo cual limitaría el intercambio genético y la posibilidad de que individuos de otras regiones puedan repoblar áreas agotadas (Lucifora et. al., 2003), (Lucifora, 2018). Se alimenta principalmente de peces óseos y cartilaginosos, aunque ocasionalmente se han encontrado restos de pinnipedos. Este tiburón se alimenta de las mismas especies utilizadas por las pesquerías costeras (rayas, tiburón, gatuzo, corvina y pescadilla), con un solapamiento significativo con la actividad (Lucifora et.at. 2009). Se lo señala además como integrante de los predadores tope del sistema. Tanto a nivel global como regional, la especie se encuentra críticamente amenazada según la Lista Roja de la UICN (Cuevas et. al. 2021). Carcharhinus brachyurus. Si bien tiene una amplia distribución geográfica en áreas costeras templado-cálidas, ésta es discontinua y sus poblaciones no se mezclan. El bacota es un tiburón migratorio aparentemente muy sensible a la temperatura del agua. Su reproducción es tardía y de baja fecundidad tarda al menos 20 años en reproducirse por primera vez y luego pare entre 7 a 24 crías cada 2 años. Dada la falta de registros y censos sobre la abundancia de algunas especies de tiburón de gran tamaño y de interés pesquero como el escalandrún (Carcharias taurus) de bacota (Carcharhinus brachyurus) se decidió abordar nuevas metodologías que permitan disponer de más información a través del conocimiento de los pescadores. El relevamiento realizado por los investigadores a lo largo de una gran porción de la Costa Atlántica señala una situación comprometida en todas las especies estudiadas pero destaca a una en particular el escalandrún.
“Los pescadores de la zona de Bahía Blanca señalaron que hace por lo menos cuatro años que no capturan un ejemplar. Estiman que en los últimos años su población descendió en un 90 por ciento” (Irigoyen 2016 en https//cenpat conicet. gov.ar/tiburones-en-peligro/).
Dada su situación, ambas especies junto con otras están incluidas en el Plan de Acción Nacional para la Conservación y Manejo de Condrictios. PAN- Tiburones”.
Durante miles de años, el guanaco fue el herbívoro de mayor tamaño presente en la región, siendo determinante al dar forma a los ecosistemas áridos de América del Sur. Debido a su amplitud de adaptaciones anatómicas y fisiológicas ha podido adaptarse a condiciones extremas distribuyéndose en hábitats con marcada diferencia en la estructura de la vegetación, relieve, clima y ocupación humana, desde los Andes peruanos hasta el extremo sur del continente en Chile y Argentina (Panebianco, 2018). A pesar de su amplio rango de ocupación actual, este se ha reducido significativamente pasando de una población estimada de 50 a 70 millones de individuos cuando los europeos llegaron al continente americano a 7 millones de individuos a finales del siglo XIX y disminuyendo a una población actual de entre uno y dos millones de guanacos (Secretaría de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2019). Por estos grandes números que aún conservan y a que algunas poblaciones se muestran estables e inclusive en crecimiento, no ha sido considerada como una especie cuya conservación se vea amenazada. Sin embargo, existen subpoblaciones reducidas, fragmentadas y aisladas cuya evaluación a nivel regional hace necesaria su consideración de manera diferenciada. Tal es el caso de la subpoblación pampeana, considerada en peligro crítico (Carmanchahi et. al. 2019). En la provincia de Buenos Aires la presencia del guanaco está restringida a las sierras de la Ventana y Curamalal (en los partidos de Saavedra, Coronel Suárez, Tornquist, Coronel Pringles y Pigüé) y a las islas del estuario de la Bahía Blanca (partidos homónimo, de Coronel Rosales y Villarino) y en sectores continentales muy puntuales de este último partido, habiendo prácticamente desaparecido del partido de Patagones (Petracci et. al., 2021). No obstante, los guanacos serranos han sido objeto de más de un programa de refuerzo con animales traídos de otras ecorregiones, por lo que los guanacos de las islas serían los únicos representantes de la genética puramente bonaerense. Estos guanacos también han desarrollado adaptaciones al ambiente y costumbres únicas pueden ingerir agua salada directamente del mar, cruzar canales a nado y desplazarse sobre cangrejales y marismas barrosas. Se han identificado dos núcleos principales ubicados en las islas Zuraitas y la isla Bermejo, con una menor cantidad en las islas del Embudo, no superando en total los 70 individuos (Petracci et. al., 2021). Si bien estos sitios se encuentran protegidos dentro de la Reserva Natural Bahía Blanca, Bahía Falsa y Bahía Verde, enfrentan amenazas tales como la caza furtiva y el impacto de especies exóticas invasoras como cabras o chivos que fueron introducidos en el pasado por los antiguos ocupantes de las islas, compitiendo por el recurso forrajero y degradando los suelos, además de representar un riesgo potencial de transmisión de enfermedades.
Puma (Puma concolor ssp)
El puma es un carnívoro generalista con una dieta muy diversa, que habita gran parte del territorio nacional, incluyendo áreas altamente modificadas por el hombre. Tiene hábitos crepusculares y nocturnos y es una especie solitaria. Es el segundo felino más grande de nuestro país. Según la última Categorización de Mamíferos a nivel nacional, el puma se encuentra dentro de la categoría de “Preocupación menor” (De Angelo et. al., 2019), aunque localmente el puma puede estar sufriendo retracciones puntuales en algunas regiones producto de la persecución directa y la expansión de la frontera agropecuaria. Su protección y/o manejo es regulada por la Ley Nacional de Fauna (N° 22.421). Su caza está prohibida en Buenos Aires (artículo 287 del Código Rural).
En nuestra región es un depredador tope, que ubica la posición más alta en la cadena trófica, sus presas silvestres incluyen ñandú, liebre, mara patagónica, guanaco, vizcacha y presas domésticas como ovejas y corderos. La predación sobre el ganado es una de las principales causas por la que esta especie se ve afectada por la caza paliativa o preventiva. Aún cuando es ilegal en nuestra provincia. Los productores que se ven afectados por la predación del puma sobre su ganado, eligen comúnmente las herramientas de control letal como caza directa, trampeo o incluso envenenamiento a través de carcasas (Caruso et. al., 2017). El caso particular del veneno, que es una práctica de control indirecta aún utilizada a pesar de su ilegalidad y peligrosidad incluso para humanos, tiene un impacto muy alto no solo en la especie blanco como el puma, sino en muchas otras especies. Para minimizar el impacto de la predación sobre ganado ovino, en la provincia de Buenos Aires algunos productores han comenzado a usar perros protectores de ganado para reducir/evitar los ataques de este felino.
Otra de las amenazas que afectan a la población de puma son la pérdida y degradación de hábitat como el avance de las urbanizaciones y las actividades ganaderas, la intensificación de las actividades agrícolas, usos extractivos de suelo y la caza de puma o sus presas (Paviolo et. al., 2018). Estas actividades antrópicas y manejo ganadero inadecuado para prevenir la depredación, suelen intensificar los conflictos con humanos y su persecución.
En áreas periurbanas de nuestra ciudad y ciudades vecinas e han reportado avistajes y también individuos atropellados. En algunos casos se sospecha que algunos podría provenir de casos de mascotismo que lamentablemente pueden ser frecuentes en esta especie, generalmente suelen ser especímenes capturados siendo aún crías.
Este felino debe seguir siendo considerado como una especie emblemática para Bahía Blanca, debido a su rol ecológico como depredador tope y como regulador de densidades y comportamientos de sus presas. Muchas veces se habla de esta especie como un ingeniero de los ecosistemas por su contribución a mantener funcionando las cadenas tróficas y los ciclos geoquímicos de los ecosistemas que habita. También se ha registrado su importante rol como facilitador de carcasas para otras especies. Este felino es el más grande presente en nuestra región y su conservación no solo colabora con la conservación de otras especies sino también del hábitat que utiliza. Cabe recalcar la importancia de seguir generando información sobre el manejo de esta especie, principalmente generar un protoclo de manejo en caso de aparición de individuos en las zonas urbanas no solo para el personal que debe acudir en estos casos sino también para la población en general.
La propuesta del puma como especie emblemática refuerza el concepto de coexistencia humano-fauna que permite una convivencia armónica de la fauna con una sociedad productiva pero respetuosa de las especies presentes.
Loica pampeana (leistes defilippi)
La loica pampeana (Leistes defilippi) es una especie de ave del pastizal pampeano que ha sufrido una drástica reducción de sus poblaciones en la primera mitad del siglo XX, en coincidencia con la rápida transformación de las tierras para la agricultura y la ganadería (Tubaro & Gabelli 1999). Se reproduce en pastizales bajo pastoreo leve o moderado (Cozzani et. al, 2004, Zalba et. al. 2008). Su completa dependencia de los pastizales naturales para alimentarse, refugiarse y anidar la han desplazado de su amplia distribución histórica hasta solo dos núcleos reproductivos principales en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires y el noroeste de Uruguay (Gabelli et. al. 2004, Azpiroz & Cozzani 2018, UICN 2020). Cuando esta especie fue declarada emblemática en el año 2004, no teníamos algunas amenazas actuales que surgieron o se profundizaron en estos últimos años. Por lo tanto, a los factores históricos de amenaza como el sobrepastoreo, que deja un tapiz corto de pasto donde no serían capaces de anidar o sus nidos serían fácilmente depredados, y los cultivos, donde podrían esporádicamente alimentarse pero no representarían sitios aptos para nidificar, se suman la instalación de parques eólicos en las áreas de cría y sus alrededores, donde se modifica el suelo y se abren caminos para su emplazamiento y mantenimiento y también las vibraciones y perturbaciones acústicas podrían perjudicar a las aves, además de que existe riesgo de choque con las aspas el cambio climático que, entre otras cosas, modifica la temperatura, resultando en veranos extremadamente calurosos que superan los 40°C y favorecerían los aumentos en la frecuencia de los eventos de ahogamiento de aves en tanques australianos (Reggi 2016), los incendios fuera de control debido a veranos secos y calurosos que impactarían directamente en las nidadas, el uso de agroquímicos y productos veterinarios que podrían estar alterando y contaminando su alimento, y la falta de áreas protegidas orientadas a la conservación de las aves de pastizal (Azpiroz et. al. 2012). Por todo esto, actualmente la especie se encuentra categorizada como “En Peligro” para nuestro país y Uruguay, y como “Extinta” para Brasil (Bencke et. al. 2003, MAYDS & AA 2017, Azpiroz & Cozzani 2018). Incluso estudios recientes indican que sus poblaciones y su distribución continúan disminuyendo en los últimos años (Neyra et. al. 2022) lo que sugiere la necesidad de una recategorización a nivel global, ya que la actual categoría de “Vulnerable” a nivel internacional (UICN 2020) resulta desactualizada.
Gato del pajonal (Leopardus pajeros)
El gato pajero o del pajonal es un felino pequeño, con hábitos mayormente nocturnos crepusculares. Esta especie parece rara o muy rara en la mayor parte de su rango de distribución en nuestro país. Se alimenta de aves terrestres, mayormente de sus pichones y huevos, también preda sobre pequeños roedores, como cuises o ratas de campo y otros de mayor tamaño como vizcachas. En Argentina la especie está protegida bajo el marco de la ley de fauna, y se encuentra listada, como los otros gatos pequeños, en el apéndice I de CITES, que prohíbe su comercio y exportación.
En el año 2019 fue categorizado como una especie en estado “Vulnerable” según la Categorización de Mamíferos de Argentina (Lucherini et. al. 2019). Dentro de las amenazas que impactan sobre su población se puede mencionar la fuerte expansión de la frontera agropecuaria, la pérdida, fragmentación y alteración de los hábitats naturales. La información del impacto de estos problemas sobre las poblaciones de esta especie es escasa, aunque se considera que eliminando los pastizales que le sirven de refugio también impacta en su alimento, principalmente roedores. Otras fuentes de mortalidad de origen antrópico son las muertes por atropellamiento y por caza o envenenamiento (ya que se los considera dañinos para las aves de corral), así como individuos muertos por perros que acompañan a los ganaderos.
Muy poco se conoce sobre las tendencias poblacionales de esta especie en la mayor parte de su rango de distribución en Argentina, sin embargo, se considera que está en disminución. Es probable que las modificaciones ambientales de origen antrópico estén reduciendo las poblaciones en el espinal y se considera que la especie estaría cercana a la extinción de la región pampeana (Pereira et. al. 2002).
Como todo pequeño felino puede cumplir una función importante en el control de pequeños roedores que son considerados perjudiciales para las actividades agrícolas y que pueden transmitir patógenos. En nuestra región a pesar de estar presente es una especie muy poco conocida por la comunidad en general, dada la dificultad que existe en ser observada por sus hábitos esquivos. El desconocimiento que existe sobre esta especie en nuestra región, resalta la importancia de protegerla y generar información para poder evaluar el estado de su población.
Aves playeras
Si bien estaban incluidas en la ordenanza bajo el colectivo de ”Chorlos” resulta más adecuado reemplazar este término por el de aves playeras, ya que incluye otros grupos. Las aves playeras son un grupo diverso que incluye más de 200 especies del orden Charadriiformes, donde se encuentran, además de los chorlos, los playeros, ostreros y pitotoys, entre otros. Poco menos de un centenar habitan el continente americano, en su mayoría cerca del agua. Estudios recientes han demostrado resultados alarmantes para este grupo evidenciando la pérdida de más de la mitad de las poblaciones de aves playeras de América del Norte, muchas de las cuales se trasladan hacia el sur del continente, realizando extensas migraciones (Smith et. al. 2023). Muchas especies viajan cada año desde sus zonas reproductivas en la tundra ártica hasta las zonas de descanso y alimentación en el extremo austral del continente, regresando nuevamente a sus zonas reproductivas. En estos trayectos pueden recorrer unos 32.000 kilómetros por año, a veces sin frenar por miles de kilómetros. Cuando frenan, es indispensable encontrar sitios ricos en alimento para recuperar la energía perdida y continuar con su viaje. Dependiendo de la especie, estos lugares pueden ser marismas intermareales, playas arenosas o costas rocosas, humedales de agua dulce, pastizales y campos arados o inundados. En ellos se alimentan principalmente de moluscos, pequeños crustáceos, gusanos marinos e insectos. La protección de estos lugares donde se congregan en grandes cantidades, para descansar y recuperarse, es esencial para asegurar una conservación exitosa para este grupo (Myers, 1983). Desde su creación en 1985, la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP o WHSRN por sus siglas en inglés) tiene identificados unos 123 sitios de importancia, siendo uno de ellos el identificado como “Estuario de la Bahía Blanca” que comprende jurisdicciones de distintos distritos, tanto públicos como privados (https:IIwhsrn.org).
Dada la importancia de nuestra zona para este grupo, cuando a mediados de 2019 la Nación convocó a diferentes actores involucrados para la elaboración del primer Plan Nacional para la Conservación de las Aves Playeras en Argentina nuestra ciudad tuvo cuatro representantes (MayDS, 2020).
Si bien este grupo fue considerado inicialmente en la elaboración de la ordenanza 12.671 (Expediente HCD-968-2002), resulta necesario ahondar en su complejidad que fue enunciada simplemente como “Chorlo”.
Especie de aves playeras presentes en el partido de Bahía Blanca
Abundancia: Abundante (ABUN.), Común (COM), ESCASA (esc.), Ocasional
(OCAS).
Categoría de Amenaza: En Peligro Crítico (EC). En Peligro (EN), Amenazada (AM), Vulnerable (VU), No Amenazada (AM)
|
Nombre vulgar |
Nombre científico |
Abundancia |
Cat. Am |
|
Aguatero |
Nycticryphes semicollaris |
OCAS |
NA |
|
Ostrero común |
Haematopus palliatus |
ABUN |
NA |
|
Tero real |
Himantopus mexicanus |
ABUN |
NA |
|
Tero |
Vanellus Chilensis |
COM |
NA |
|
Chorlo pampa |
Pluvialis dominica |
COM |
NA |
|
Chorlo cabezón |
Oreopholus ruficollis |
ESC |
NA |
|
Chorlito doble collar |
Charadrius falklandicus |
ABUN |
NA |
|
Chorlito palmado |
Charadrius semipalmatus |
ESC |
NA |
|
Chorlito de collar |
Charadrius collaris |
ESC |
NA |
|
Chorlito pecho colorado |
Charadrius modestus |
ESC |
NA |
|
Becasina común |
Gallinago paraguaiae |
OCAS |
NA |
|
Pitotoy grande |
Tringa melanoleuca |
ESC |
NA |
|
Pitotoy chico |
Tringa flavipes |
COM |
NA |
|
Playerito blanco |
Calidris alba |
ESC |
NA |
|
Playero rojizo |
Calidris canutus rufa |
ESC |
EC |
|
Playerito unicolor |
Calidris bairdii |
ESC |
NA |
|
Playerito rabadilla blanca |
Calidris fuscicollis |
ABUN |
NA |
|
Playerito pectoral |
Calidris melanotos |
ESC |
NA |
|
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|||
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|
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|
Playerito canela |
Calidris subruficollis |
OCAS |
AM |
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Playero trinador |
Numenius phaeopus |
OCAS |
NA |
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Becasa de mar |
Limosa haemastica |
ABUN |
NA |
|
Vuelvepiedras |
Arenaria interpres |
!?? |
NA |
|
Falaropo común |
Phalaropus tricolor |
OCAS |
NA |
|
Chorlito ceniciento |
Pluvianellus socialis |
ESC |
EN |
|
Paloma antártica |
Chionis albus |
ESC |
NA |
ESPECIES DE PRESENCIA ACCIDENTAL (ACC), PROBABLE (P) Y ALGUNA VEZ OBSERVADA (OBS) EN EL ESTUARIO DE BAHÍA BLANCA
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Nombre vulgar |
Nombre científico |
Abundancia |
Cat. Am |
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Ostrero negro |
Haematopus ater |
OBS |
NA |
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Ostrero Austral |
Haematopus leucopodus |
ACC |
NA |
|
jacana |
Jacana jacana |
OBS |
NA |
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Chorlo ártico |
Pluvialis squatarola |
OBS |
NA |
|
Becasa gris |
Limnodromus griseus |
OBS |
NA (oc) |
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Batitú |
Bartramia longicauda |
P |
VU |
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Playero esquimal |
Numenius borealis |
P |
EC (Pex) |
|
Playerito zancudo |
Calidris himantopus |
OBS |
NA |
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Playero ala blanca |
Tringa semipalmata |
OBS |
NA |
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Agachona chica |
Thinocorus rumicivorus |
OBS |
NA |
El listado de especies fue obtenido de Petracci y Sotelo (2013). Para las categorías de amenaza se tomó la categorización realizada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable y Aves Argentinas (2017).
Loro Barranquero (Cyanoliseus patagonus)
El loro barranquero (Cyanoliseus patagonus) es un ave del orden de los Psittaciformes cuya distribución abarca Argentina, Chile, y ocasionalmente Uruguay. La especie se encuentra amenazada según Aves Argentina y por la Res. Nº 795, de la Ley de Conservación de la Fauna nº 22.421. Desde principios del siglo XIX su población ha sufrido una notable retracción que se atribuye a la captura para el mercado de mascotas, la pérdida y degradación de hábitats y la persecución por haberse considerado plaga agrícola. Su carácter altamente gregario los expone además a riesgos de afectación poblacional masiva.
Los loros habitan la región de Bahía Blanca seguramente desde mucho antes de la fundación de la ciudad, ya que ésta se encuentra dentro del rango de distribución de la especie. Actualmente, se destacan tres sitios urbanos de gran interés ornitológico:
Las plantaciones de eucaliptos del Parque de Mayo son el sitio de descanso nocturno de la especie y congrega a miles de individuos a lo largo de todo el año.
Las barrancas ubicadas en avenida Cabrera corresponden a los lugares de nidificación de la única colonia urbana de loros del mundo con aproximadamente 100 parejas que utilizan anualmente estos sustratos.
El “Bosquecillo de Chañares” declarado Patrimonio Urbano del Partido de Bahía Blanca (ordenanza municipal nº 9114 del 26 de abril de 1996), ubicado en el sector lindante a la intersección de las calles Sarmiento y Fortaleza Protectora. Este ambiente es un relicto asociado a un área de alimentación de la especie en su ambiente natural.
La presencia de este dormidero comunal y la notable colonia de cría, ambos ubicados en el radio céntrico, otorgan un valor único que nos invita a resguardar a estos sitios tan particulares y a la población urbana de loro barranquero que forma parte del paisaje visual y sonoro de la ciudad de Bahía Blanca. Por último, el loro barranquero es un claro ejemplo de cómo una especie nativa y vulnerable puede adaptarse y prosperar en paisajes altamente modificados por la actividad humana. Esta capacidad lo convierte en un organismo modelo para la investigación y un recurso estratégico para el desarrollo de iniciativas de conservación, de ecoturismo, de educación ambiental y del diseño de estrategias que permitan favorecer la coexistencia de la fauna silvestre con el ámbito urbano.
Cardenal amarillo (Gubernatrix cristata)
Es un ave paseriforme que habita los bosques nativos del espiral. En nuestra región, utiliza bosques mixtos de Caldenes, Chañares, Molles y arbustales de Palo Azul, Piquillín y Vidriera (Marateo et. al., 2018). Se estima una población global de 1500 a 3000 individuos, no habiendo estimaciones para nuestro país aunque se considera que no superaría los 2.500 individuos. Se presume una reducción poblacional de al menos 50% por lo que se encuentra categorizada como “en peligro” tanto a nivel nacional como internacional. Sus principales amenazas son la disminución del área de extensión y de ocupación debido a la pérdida y fragmentación de su hábitat, junto con la extracción de individuos para abastecer el comercio ilegal de aves de jaula. Si bien las normas vigentes prohíben su captura, se encuentra entre las especies más buscadas para el mascotismo. Uno de los fines de su inclusión como especie emblemática es aportar elementos para que las autoridades administrativas cuenten con un claro cuadro de situación sobre las reales amenazas que pesan sobre esta especie y generar así un plan de manejo preliminar sobre el cual podrán decidir la política de conservación que resulte más efectiva y oportuna.
Flamenco austral (phoenicopterus chilensis)
El flamenco austral (Phoenicopterus chilensis) es el más numeroso y extendido geográficamente de las cuatro especies de flamencos que habitan el sur del continente americano, distribuyéndose por la costa pacífica y la cordillera de los Andes desde el sudeste de Ecuador, gran parte de Perú y Chile, suroeste de Bolivia, Paraguay y gran parte de Argentina, incluyendo las islas Malvinas, hasta el extremo sur del continente (del Hoyo, 1992; Sosa y Martín, 2011; López-Lanús, 2015; de la Peña, 2016).
Si bien se distribuye a lo largo de todo el país y es una especie común en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, siendo más frecuente en las zonas estuariales y costeras durante el otoño e invierno (Petracci y Sotelo, 2013, Petracci et. al., 2018), la especie está categorizada como “vulnerable” a nivel nacional en la Argentina (MAyDS y AA, 2017) y “cercana a la amenaza” a nivel internacional (BirdLife International, 2016), esto último debido a que se proyecta una disminución demográfica moderadamente rápida. Es una especie globalmente amenazada muy sensible al impacto humano en particular durante su reproducción, que aunque ocurre por lo general en humedales protegidos y con poco disturbio, enfrenta problemas debido a la recolección de huevos, la caza, la perturbación y la degradación de su hábitat. Otro factor de vulnerabilidad adicional es que la población reproductiva conocida se concentra en unos pocos humedales que pueden estar sometidos a fluctuaciones de origen antrópico y/o cambio climático (Heber Sosa; com. pers.). En la provincia de Buenos Aires la especie está categorizada como nidificante por Narosky y Di Giácomo (1993), aunque los casos registrados son escasos o antiguos y provienen principalmente de la región sudoeste, por ejemplo en la Laguna Chasicó, partido de Villarino (Zapata, 1998) y las lagunas de endicamiento por dunas costeras en la localidad de Monte Hermoso, en el partido homónimo (Petracci y Sotelo, 2013), aunque ambas han desaparecido en la actualidad debido al incremento deliberado del nivel del agua de la laguna en el primer caso, y la presión humana por actividad pecuaria y presencia humana en el segundo (P. Petracci, obs. Pers). También ha sido registrada nidificando de manera esporádica en la Laguna Epecuén, partido de Adolfo Alsina (Laffeuillade et. al. 2020). Recientemente, se han registrado colonias reproductivas en Bahía San Blas (Petracci et. al. 2020) y el estuario de Bahía Blanca (Petracci et al., en preparación), siendo las únicas que se tienen conocimiento que se encuentran en un ambiente marino-costero. Dado el difícil acceso a las mismas y a que ambas colonias se encuentran protegidas dentro del sistema de Áreas Protegidas de la provincia de Buenos Aires, estos sectores serían de gran importancia para su conservación.
Debido a que es una especie carismática que ya cuenta con un reconocimiento popular por su gran atractivo, su inclusión también representa una oportunidad adicional como herramienta para sensibilizar e invitar a conocer al resto de las especies que no cuenta con la misma valoración pública.
Ñandú (Rhea americana)
El ñandú, llamado el avestruz americano por los inmigrantes europeos debido a la similitud con su par africano, es el ave de mayor tamaño del continente. Si bien es una especie con una amplia distribución en las pampas, campos y áreas de bosque abierto tipo chaqueño del cono sur de Sudamérica que todavía se encuentra presente en gran parte de su distribución histórica, su intensiva explotación y comercialización desde hace siglos los fue llevando a una continua y alarmante reducción de sus poblaciones (Gasparri y Athor, 2016).
En la cultura de nuestro país, el ñandú está muy ligado a la figura del gaucho, quienes al igual que los pueblos originarios de la zona y los primeros pobladores de las ciudades que se iban fundando, les dieron caza durante muchas décadas, aprovechando (inclusive para su exportación) sus plumas, cueros, carne, uñas y huevos (Carman, 1983). La figura del gaucho jineteando con sus boleadores para dar captura a un ñandú fue uno de los espectáculos que más fascinó al naturalista Charles Darwin en su paso por nuestra zona en el siglo XIX. Pero el ñandú no fue solamente para él una curiosidad de las costumbres locales: su comparación con el choique patagónico (Rhea Pennata) fue un indicio de que la evolución no sólo era un proceso temporal sino que también la separación geográfica jugaba un rol importante en la divergencia de las especies (Katinas y Crisci, 2009).
El avance de la agricultura y la consecuente desaparición de los pastizales naturales, junto a la fragmentación del alambrado y su persecución por parte de los productores por atribuirles ser la causa de problemas en los campos,fueron un problema adicional para su subsistencia. Si bien no existen estimaciones de su abundancia poblacional, la última categorización de las aves de Argentina la define como una especie “Vulnerable” (MAyDS y AA, 2017).
En nuestra región aún pueden observarse grupos de ñandúes en los campos de los alrededores de Bahía Blanca al costado de las rutas, una pequeña muestra de aquellas postales que ilustraron nuestras pampas y que no debemos dejar perderse.
Delfín nariz de botella o ferón (Tursiops truncatus gephyreus)
Los delfines nariz de botella, toninas o ferones, se distribuyen a lo largo de la costa este de América del Sur en el suroeste del Océano Atlántico, entre el estado de Paraná, sur de Brasil hasta la provincia de Chubut, Argentina, en un rango de distribución de aproximadamente 3.500 km. de costa. Si bien eran parte de la postal de las playas bonaerenses, llegando a interactuar con los veraneantes que se aventuraban en el mar, prácticamente han desaparecido en gran parte de la costa. En las últimas tres décadas, su presencia para el sector norte de la provincia de Buenos Aires se limita a tan sólo cuatro registros, quedando reducida su distribución a las poblaciones que habitan en el estuario de Bahía Blanca y Bahía San Blas, donde se los observa frecuentemente (Vermeulen et. al. 2018). Es por eso que la Comisión Ballenera Internacional considera de alta prioridad su estudio.
Su presencia en el estuario de Bahía Blanca data desde la llegada de los primeros pescadores artesanales llegados de Ponza (Italia) hace más de cien años. Fueron ellos quienes le dieron el nombre con el que se los conoce localmente, ferón (ferone). Este vocablo es empleado en su tierra de origen para denominar a la misma especie, que tiene una distribución mundial. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que los individuos que habitan nuestra región corresponden a una subespecie diferente: Tursiops truncatus gephyreus (CBI, 2018), de la que apenas existirían menos de 600 ejemplares (UICN, 2019). Sin embargo, la abundancia estimada para el área de la Bahía de San Antonio resultó en un máximo de 83 individuos (Vermeulen & Bráger 2015). En Buenos Aires, pese a que no se tiene estimaciones, los números son bajos (< 50 individuos en Bahía Blanca y San Blas, Vermeulen et. al., 2018). La suma de todos los datos disponibles arroja una escasa abundancia estimada de < 300 individuos (de T. t. gephyreus y T.t truncatus combinados) para toda la Argentina: Por su reducido número y la marcada tendencia negativa de sus poblaciones que los últimos 10 años (3 generaciones) se ha observado una reducción del tamaño poblacional de un 30%. La Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM) la ha categorizado como EN PELIGRO (Vermeulen et. al., 2019).
Durante las campañas de investigación y patrullajes de la Reserva Natural Bahía Blanca, Bahía Falsa, Bahía Verde, se ha podido observar individuos o grupos de forma sostenida desde el año 1999 hasta el presente. Habita durante todo el año y se los ha podido observar en gran parte del estuario y sus áreas protegidas. Si bien existe un sesgo en la cantidad de observaciones en el sector noroeste del estuario, debido a que es el área más frecuentada la presencia de la especie en este sector debe ser tenida en cuenta por los impactos antrópicos a los que pudiera estar expuesta, por ser un sitio de alto tráfico naviero, asentamiento de puertos, emplazamiento de industrias petroquímicas y de los grandes núcleos urbanos de la región. En el estuario de Bahía Blanca los grupos observados varían de uno a 20 individuos. Los meses con más avistamientos fueron octubre (29%) seguido de julio 19%. La primavera fue la estación con más registros, seguida del invierno, verano y otoño. La presencia de crías se registró para los meses de abril y julio (Petracci et. al. 2023).
Además de la importancia de las poblaciones locales para la conservación de la subespecie, la alta frecuencia de avistajes, la vistosidad de sus apariciones y su cualidad de especie carismática se traducen en una importante oportunidad para la vinculación con el ambiente y el ecoturismo.
Gato montes (Leopardus geoffroyi)
El gato montés (leopardus geoffroyi) es el felino pequeño más abundante y con mayor distribución en nuestro país. Se lo puede encontrar en una amplia variedad de ecorregiones como Espinal, Pampa, Yungas, Chaco Seco, Chaco Húmedo, Esteros del Iberá, Delta e Islas del Paraná, Monte de Sierras y Llanuras, Estepa y Bosque Patagónico. Utiliza hábitats tanto abiertos como cerrados y en áreas conservadas como perturbadas (Pereira y Aprile, 2012). Es una especie solitaria, nocturna, se alimenta de vertebrados, mayormente mamíferos, generalmente pequeños roedores, aunque también puede consumir aves, peces, reptiles y anfibios. En áreas donde las vizcachas se han extinguido, las liebres europeas introducidas (Lepus europaeus) son la principal presa, aunque se observó una marcada disminución en las densidades tanto de liebres como de gatos de Geoffroyi durante un período de sequía (Pereira et. al. 2006).
Una de las principales amenazas que sufre esta especie es la pérdida y fragmentación de hábitat a pesar de su plasticidad para adaptarse a ambientes antropizados (Caruso et. al. 2016). Según la categorización de Mamíferos realizada en el año 2019 se encuentra dentro de la categoría de “Preocupación menor” (Pereira et. al. 2019) y es una especie amparada por la “Ley de Fauna” (Ley 22.421) e incluida en el Apéndice I de CiTES. A pesar de estar protegida por la ley, esta especie es perseguida y cazada como represalia debido a que, en ocasiones, se alimentan de aves de corral y corderos. En algunas regiones también se ve afectada por la comercialización ilegal de su piel y por la captura para mascotismo. El atropellamiento en rutas o incluso en vías ferroviarias también puede provocar alta mortalidad, alcanzando incluso niveles dramáticos en algunas poblaciones (cuyckens et. al 2016).
Respecto a la zoonosis se han reportado individuos expuestos a varios patógenos y parásitos que también se encuentran en perros y gatos domésticos, lo que conlleva un riesgo sanitario para las poblaciones afectadas.
En localidades vecinas a la ciudad de Bahía Blanca, se han reportado avistajes en zonas urbanas y periurbanas que evidenciaron la necesidad de información respecto a como manejar estas situaciones, evitando poner en riesgo no solo al gato montés sino también a personas.
Por estas razones resulta fundamental promover la conservación de este felino nativo, el más representativo del país y con una gran adaptabilidad a los ambientes modificados. Además, al pertenecer al grupo de los carnívoros ocupan un lugar tope dentro de la cadena trófica, por lo que su protección beneficia de manera indirecta a otras especies más vulnerables.
Mara (Dolichotis patagonum)
Aunque confundida con una especie de conejo, inclusive se la conoce también con el nombre vulgar de liebre patagónica o liebre criolla, la mara es una de las especies de roedores más grandes del mundo, en nuestro país solo superada en tamaño por el carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris). Son exclusivos de la fauna argentina y viven en estepas semiáridas y desiertos de arbustos espinosos del oeste, dentro y sur de Argentina (Campos et. al. 2001), constituyéndose en un ícono de la estepa patagónica. El aprovechamiento de su carne y cueros que hacían las poblaciones humanas prehispánicas permiten inferir su presencia mucho más allá de su distribución actual, encontrándose en registros arqueológicos cercanos a la Capital Federal, sistema de Tandilia y Necochea. También fue descrita en estas regiones por algunos naturalistas que recorrieron la provincia durante el siglo XIX, como Charles Darwin y Robert Crawford (Deschamps y Tonni, 2007). Históricamente más común en la región pampeana, el grado de alteración del paisaje por la creciente degradación de su hábitat, la caza y la competencia con la liebre exótica ha ocasionado su retracción (Alonso Roldán et. al. 2019). En la provincia de Buenos Aires es donde se hace más visible la disminución areal que ha sufrido eta especie, la cual tiene sus últimas poblaciones bonaerenses en algunos sectores de sus municipios australes al sur de la latitud de Bahía Blanca, en especial en el partido de Patagones, donde ya la había encontrado en los primeras décadas del siglo XIX el naturalista francés Alcide D`Orbigny (en las cercanías de la Bahía San Blas).
En nuestra región, aún pueden encontrarse poblaciones en los ambientes periurbanos y rurales cercanos, siendo una demostración de la identidad patagónica que también forma parte de nuestra biodiversidad. Son llamativos sus agrupamientos de decenas de individuos, pudiendo formar colonias de hasta 50 individuos (Parera 2002). A pesar de no contarse con datos que indiquen una tendencia poblacional negativa, las amenazas que enfrentan no han cesado y se espera un aumento en su intensidad en los próximos años, por lo que fue clasificada como una especie Vulnerable en la más reciente revisión de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (Alonso Roldán et. Al 2019). Si bien las causas de su disminución no sean muy claras (Parera 2002), es evidente que se ha producido una pérdida y degradación de su hábitat, así como la introducción de especies exóticas como la liebre europea, las ovejas y las cabras le generan una competencia o interferencia que las va desplazando.
Tucu tucu (Chenomys talarum recessus)
Es una de las subespecies en que se divide la especie C. talarum, un roedor del género Ctenomys. Esta subespecie es endémica del cordón de duna costeras del centro sur de la provincia de Buenos Aires, desde Necochea hasta Bahía Blanca. Este mamífero cavador vive en galerías subterráneas y es característico de médanos litorales ocupando principalmente la segunda línea de dunas y a veces la tercera más interior (Fernández, G.2019). En las últimas evaluaciones para la categorización de los mamíferos de Argentina (2019), en base a los criterios de la UICN, se la recategoriza como Vulnerable (VU). Se estima una reducción poblacional del 30% para los próximos 10 años debido a la degradación y pérdida de sus ambientes. Existe información suficiente que plantea extinciones locales pasadas. Por otra parte se sabe que las poblaciones habitan en áreas fragmentadas modificadas y con un claro deterioro en la calidad del hábitat por lo que se estima que las poblaciones seguirán disminuyendo. Varios trabajos de los últimos años han detectado efectos de la deriva genética en esta especie. “Las causas de pérdida y fragmentación de hábitat se asocian a las actividades agropecuarias y a las plantaciones forestales de pinos en la franja costera de interdunas. Por otra parte, en la costa bonaerense, se observa el impacto de emprendimientos inmobiliarios y turísticos (vehículos todo terreno). En relación a las poblaciones de áreas periurbanas estas suelen verse directamente amenzadas por el hombre principalmente debido a la valoración negativa que existe sobre estos animales”. Varias investigaciones que se vienen realizando sobre los tuco-tucos demuestran su importancia en estos ambientes tanto en lo referente al movimiento de minerales y nutrientes como en la oxigenación de los suelos. Además otros organismos (vertebrados e invertebrados) utilizan las galerías como refugio y hábitat, generando asociaciones específicas.
Fernández, Gabriela Paula; Carnovale, Cecilia Soledad; Mora, Matías S. (2019).Ctenomys talarum. En SAyDS-SAREM (eds.) Categorización 2019 de los mamíferos de Argentina según su riesgo de extinción . Lista Roja de los mamíferos de Argentina. Versión digital: http://cma.sarem.org.ar.
Murciélago cola de ratón o moloso común (Tadarida brasiliensis)
El moloso común o Tadarida brasiliensis, es una de las especies más representativas que habitan nuestra región. Por su modo de vida adaptable ha desarrollado una estrecha unión con la ciudad, que lo ha convertido en un visitante asiduo y con mucha presencia en el área urbana.
Su distribución abarca desde el norte del país hasta los 52° de latitud Sur, encontrándose en varias eco-regiones como el Espinal, Pampa, Monte de Sierras.
Sus hábitos alimenticios son de tipo insectívoro, comen polillas, mosquitos, escarabajos, moscas, ingiriendo la mitad de su peso por noche, por lo tanto los hace una especie muy valiosa como controladora de poblaciones de insectos plaga. Solamente considerando la colonia que reside en la Facultad de Derecho de Rosario, que tiene un aproximado de 64.000 ejemplares, se calcula que por noche consumen un total de 209-385 kilos de insectos, entre los meses de septiembre y febrero. Un aspecto a mencionar lo constituye el “guano” de la especies insectívoras, el cual contribuye a la fertilidad y recuperación de los suelos debido al alto grado de fósforo, nitrógeno y potasio.
Cabe resaltar que sólo se encuentran presentes en nuestra ciudad durante el período de primavera – verano. La mayor parte de estos murciélagos inician su etapa migratoria a finales de febrero y mediados de marzo y aquellos pocos que permanecen en la ciudad, entran en un estado de torpor (tipo hibernación) durante el cual solo despertarán cuando las temperaturas ambientales sean altas.
Si bien se han adaptado a la ciudad, cabe mencionar que estos últimos 30 años han disminuido ambientes naturales que durante mucho tiempo constituyeron lugares de refugio y zonas de alimentación, lo cual los obligó a desplazarse hacia las ciudades.
En el año 1991 Argentina adhirió a la Convención para la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres o Convenio de Bonn (Ley Nacional 23.918) y en conjunto con la Ley Nacional de Fauna 22.421, se establece la prohibición de muerte, captura y cautiverio del animal y a su vez, promueve el análisis, estudio y conservación tanto del muerciélago como de sus rutas migratorias.
Tiburones y Rayas
El Mar Argentino es uno de los puntos críticos identificados a nivel global para la conservación de tiburones y rayas quienes son capturados tanto por pesca dirigida como de manera incidental por las flotas industrial y artesanal y también por la actividad turística y recreativa. De las 105 especies de condrictios 59 se encuentran amenazadas de extinción. Algunas de ellas, que habitan nuestro estuario, se encuentran en peligro crítico de extinción como el gatuzo, el cazón, el Escalandrún (Charcharias taurus), y Bacota (Carcharhinus brachyurus) estos dos últimos ya considerados como especies emblemáticas desde 2004. Tanto en estudios realizados por especialistas como por encuestas realizadas a pescadores se viene evidenciando una disminución de peces cartilaginosos para los que deberían incorporarse medidas de manejo adecuadas. Entre los motivos que fundamentan la importancia de protegerlos podemos plantar el lento crecimiento que poseen, con extensos ciclos reproductivos (12 meses y cada 2 años), y el bajo número de crías por camada. Siendo además fundamentales predadores en estos ecosistemas. La baja tasa de reproducción los vuelve vulnerables ante la exportación pesquera. En Mayo del año 2007 se realizó en nuestro país la Primera Reunión Nacional de especialistas en la temática, organizada por la Subsecretaría de Política Ambiental de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable y la Dirección Nacional de planificación pesquera de la Subsecretaría de pesca y acuicultura de La Nación, con el objetivo de por un lado sentar las bases y lineamiento para trabajar en la conservación de este grupo de peces cartilaginosos relevantes por su rol ecológico, su valor económico y social, y definir las actividades para la concreción de un futuro Plan de Acción Nacional Para la Conservación y Manejo de Condrictios, “PAN -Tiburones” que finalmente fue aprobado dos años más tarde. Gracias al trabajo de especialistas locales y a partir de principios precautorios se promovió la pesca con devolución con vida de los ejemplares, una práctica que se ha convertido en una norma en todo el mar bonaerense. Hoy se encuentran protegidos en nuestra provincia por regulaciones especiales. Disposiciones N.º 217/07 y N.º 78/14, que entre sus artículos promueve para la “Pesca dirigida con reserva” las siguientes restricciones: “Se deberá realizar la devolución obligatoria de todas las especies de tiburones costeros, quedando estrictamente prohibido la captura con sacrificio de los mismos. En caso de captura incidental (artesanal, comercial) se debe proceder a la inmediata liberación, atendiendo a las recomendaciones efectuadas para la Pesca con Devolución”. El trabajo intersectorial intenta avanzar en el ordenamiento y conservación de la especie.
Tortugas marinas
Las tortugas marinas tienen un ciclo de vida que puede dividirse en tres partes: un ciclo terrestre, un ciclo oceánico y un ciclo costero, El ciclo comienza con el nacimiento en tierra, donde las hembras llegan a las playas cálidas y depositan sus huevos en la playa, enterrándolos en nidos que pueden tener entre cien y doscientos huevos. Luego de esto, las hembras retornan al mar, dejando a los huevos solos. Dos o tres meses despúes, eclosionan y las tortugas recién nacidas se dirigen inmediatamente hacia el mar. Aquellos que sobreviven a los depredares, inician una etapa oceánica de la cuál poco se conoce, que puede extenderse hasta 10 años en algunas especies. De las millones de tortugas que emergen de los huevos cada temporada solo unas pocas llegarán a esta etapa juvenil donde se mueven a aguas menos profundas, alcanzando la costa, y modifican drásticamente el tipo de alimentación y hábitos (Prosdocimi et al., 2016). Es en esta etapa temprana donde la mayoría de las tortugas arriban a las costas argentinas, especialmente la tortuga verde (Chelonia mydas), durante el verano y el otoño. Las otras dos especies que pueden encontrarse en la región, la tortuga cabezona (caretta caretta) y la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), pueden arribar también en estados subadultos y adultos. Existen algunos registros de tortugas carey para el Río de la Plata y Monte Hermoso, pero no es una especie habitual en nuestras costas.
En el estuario de Bahía Blanca, el conocimiento de las tortugas marinas se debe al trabajo conjunto de las reservas y los centros de rescate de la región, con los pescadores artesanales. Por el ritmo de mareras de nuestra región, las redes de pesca no permanecen en el agua por mucho tiempo y los ejemplares de tortugas que quedan atrapados son devueltos al agua.
El estudio de tortugas marinas en Argentina tiene un fuerte vinculo con nuestra región. En 2003 se recapturó el primer ejemplar de tortuga verde marcada en Mar del Plata ( Fidalgo, 2003) lo que expuso la necesidad de articular a los distintos grupos que estaban trabajando con estas especies y dio origen a Programa Regional de Investigación y Conservación de Tortugas Marinas de Argentina (PRICTMA), del cual la Reserva Natural Bahía Blanca, Bahía Falsa y Bahía Verde es socio fundador. Además, el primer transmisor satelital colocado en una tortuga marina en Argentina, también fue colodado en nuestra zona, a inicios de 2008 (http://www.seaturtle.org/tracking/index.shtml?project_id=280).
Camarón (Artemesia longinaris) y Langostino (Pleoticus muelleri)
El camarón (Artemesia longinaris) y el langostino (Pleoticus muelleri) son crustáceos decápodos de gran valor ecológico y comercial del Mar Argentino, Representan unos de los constituyentes fundamentales en la pesquería artesanal desde hace varias décadas de las aguas costeras que forman los canales e islas del estuario de Bahía Blanca. La actividad se desarrolla principalmente en los puertos de Ingeniero White y Coronel Rosales. Las capturas comerciales ingresan al mercado de consumo de las principales ciudades de la Argentina (Como Buenos Aires y Mar del Plata). Se destinan principalmente al consumo humano y al uso como carnada (Cervellini y Piccolo., 2007).
Ambas especies habitan en aguas templado -frías, con temperaturas que oscilan entre 6ºC y 23ºC. Sin embargo, eligen distintas zonas: el camarón tiene hábitos neríticos-costeros, mientras que el langostino ocupa los fondos (se lo captura a profundidades que oscilan entre 3 a 10 metros) (Cervellini y Piccolo, 2007). Estas dos especies presentan continuas fluctuaciones con relación a distintas variables como fuente de alimentación, parámetros ambientales, calidad de las aguas, tipo de sustrato, etc. Todas ellas pueden considerarse posibles causantes en la disminución de las capturas de estos crustáceos. Durante octubre a febrero, estos crustácios migran a aguas más profundas de la zona externa del estuario de Bahía Blanca y mar abierto (aproximadamente a 15 km de la costa dónde las salinidades son mas estables) y allí las hembras desovan. Luego de las etapas larvales, que son exclusivamente marinas, los juveniles vuelven a ingresar a los canales del estuario donde encuentran abundante alimento para crecer. La distribución espacial y temporal de las larvas y postlarvas en el estuario de Bahía Blanca han sido estudiadas por más de tres décadas (Cervillini, 1988; Carvellini y Mallo, 1991; Cervellini, 1992; 2001). Recientemente se ha publicado resultados de simulaciones con un modelo hidrodinámico (MOHID) para demostrar las migraciones larvales de estas dos especies, resultando clave para interpretar las fluctuaciones de su presencia en el estuario de Bahía Blanca y una interesante herramienta para ser usada la toma de decisiones ecológicas y económicas (Cervellini y Piernini, 2021). El camarón y el langostino desempeñan un rol importante en las redes tróficas costeras: más de 16 especies de peces se alimentan de camarones. Por su parte, el langostino es una de los crustáceos mas explotados comercialmente en toda la costa del Mar Argentino y el estuario de Bahía Blanca. Su captura produce la mayor tasa de descarte en el mundo (descarte: invertebrados, rayas, tiburones y peces óseos, aves, tortugas, etc).
Ambas especies han dado lugar a la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino. Es un evento de renombre que cautiva a miles de visitantes cada año. El origen de este evento, vinculado al pasado inmigratorio de Ingeniero White, remite a 1989, cuando vecinos y trabajadores del puerto se congregaron en terno a una cazuela gigante en el Muelle Nacional. Este festival se ha convertido en un icono de la cultura marítima y gastronómica de la regios.
Caracoles (Plagiodontes patagonicus y Chilina Parchappii)
Chilina parchappii o Caracol Chileno de Parchappe, es una especie de gastrópodo que habita únicamente (endémica) en la región central de Argentina. Se distribuye entre las cuencas del Río Salado de Buenos Aires y la del Río Colorado en la Patagonia, desde los cursos de agua que desembocan en el litoral atlántico al este hasta cuencas endorreicas de la regios cuyana al oeste. Habita ríos y arroyos, sobre fango, arena, rocas o plantas.
Presenta una concha de color marrón claro, con bandas más oscuras en zigzag, con forma alargada, de contorno oval, que alcanza los 35 mm de largo. La abertura es estrecha y alargada, con borde externo afilado y borde interno con un pliegue o diente poco marcado. Su cuerpo robusto y negruzco, formado por un pie ancho y corto; sus tentáculos son cortos y planos, con los ojos en su base. A pesar de ser acuáticos no tienen branquias sino un amplio pulmón, que sin embargo usualmente contiene agua y rara vez aire (Martín et al, 2023). Se alimentan de algas microscópicas, hongos y otros microorganismos, raspando los objetos sumergidos con la rádula, una especie de lengua cubierta de unos 200 dientes muy pequeños. Se alimenta de algas y restos vegetales. Son a su vez un alimento de importancia para peces y aves acuáticas (martin 2022).
Las chilinas, como la inmensa mayoría de los caracoles terrestres, son hermafroditas simultáneos que se comportan en forma alternada como machos o como hembras. Depositan cientos de pequeños huevos en finos cordones gelatinosos que se fijan en la cara inferior de piedras y troncos sumergidos. De los huevos se desarrollan larvas nadadoras ciladas (veliger) (Martín 2022).
Es un fósil del Cuaternario frecuente en las barrancas de los mismos ríos y arroyos que hoy habita. Ha sido utilizada, en conjunto con otros fósiles, en estudios de reconstrucción del clima y de los ambientes pasados por medio de isótopos estables. Ha sido usada en estudios de biomonitoreo de pesticidas, demostrándose una alta tolerancia a piretroides y la acumulación de compuestos organoclorados de uso prohibido en arroyos del sudoeste de la Provincia de Buenos Aires. Es una especie localmente muy abundante, presa común de aves y peces, y podría ser hospedador de parásitos causantes de dermatitis esquitosómica o picazón de los nadadores (Martín, 2022).
Chilina parchappii fue descrita por primera vez por el naturalista francés Alcides D'Orbigny durante su viaje de investigación y recolección por Sudamérica, si bien el nombre del género (chilina) se lo impuso el natularista francés Gray ya que muchas de las primeras especies fueron descriptas sobre material proveniente de Chile (chili en francés); el epìteto especifico fue dedicado por D'Orbigny a su amigo, el ingeniero militar Narciso Parchappe, quien fuera colector del material original de esta especie. Parchappe la colectó justamente durante su viaje de 1828 a la Bahía Blanca por encargo del gobierno Nacional para determinar el sitio de fundación de un puerto y fuerte, Puerto Esperanza y Fortaleza Protectora Argentina, Que a la larga serian el puerto de Ingeniero White y la ciudad de Bahía Blanca (Martín, 2016).
Plagiodontes patagonicus es una especie de caracol con la concha cónica de 5 a 8 vueltas y tamaño variable (de 17-30 mm de largo). La superficie es de color variable (blanca grisácea, gris rosada o marrón) y tiene estrías de crecimiento tenues. La abertura es ovada, con el borde apertural reflejado y grueso. Tiene entre 2 y 12 pliegues internos. El cuerpo del animal es gris verdoso.
Es un caracol terrestre herbívoro, hermafrodita con fecundación cruzada. Las puestas de huevos están compuestas por alrededor de 20 huevos langos y redondos y son enterradas en lugares húmedos. Los caracoles de las sierras, al habitar una zona con mayores precipitaciones, tiene periodos de actividad mas prolongados alcanzando tamaños mayores que los de la llanura.
Los caracoles de esta especie habitan ambientes naturales asociados a vegetación (entre las raíces o adheridos a ramas bajas de arbustos), debajo de rocas o adheridas a afloramientos rocosos. En áreas cultivadas o muy modificadas se encuentran exclusivamente en parches aislados de vegetación natural.
Es una especie endémica del sudoeste de la provincia de Buenos Aires en una zona de transición entre el Espinal y la Pampa Húmeda (Pizá J, 2023). Se distribuye desde las sierras que componen el Sistema Ventania (hasta 1200 msnm) hasta la zona de Bahía Blanca, a nivel del mar. Es la especie nativa más abundante del sudoeste bonaerense. Sin embargo, su estado de conservación se ve afectado negativamente por el avance de las actividades humanas (agropecuarias, urbanización, turismo) que provocan una disminución de los ambientes naturales y a su vez, de los ambientes habitados por los caracoles terrestres nativos.
Caldén (Neltuma caldenia)
Este árbol es endémico de Argentina, siendo típico de la región del Espinal, especialmente en el distrito que lleva su nombre. Puede alcanzar hasta los 12 m de altura, es espinoso y pierde sus pequeñas y delicadas hojas en otoño. En la primavera aparecen sus flores de color verde claro amarillentos en forma de racimos alargados. Sus frutos son como unas chauchas con forma circular o espiralada. Estos frutos son consumidos por herbívoros y aves como por ejemplo el loro barranquero. Los bosques de caldén se encuentran entre los mas amenazados del paos debido a que fue muy talado por su madera que es apreciada para múltiples usos (postes, parques, leña). Además, el avance de la agricultura sobre los ambientes de bosques nativos ha resultado en una gran disminución de su abundancia. Este árbol, con su copa en forma de paraguas, alberga a una enorme cantidad de aves que anidan en sus fuertes ramas. Además, dio sombra y refugio a pueblos originarios que lo consideran sagrado, nombrándolo Witru. En Bahía Blanca lo podemos encontrar en el sector sudoeste del partido como por ejemplo en el Parque de la ciudad (declarado Patrimonio Verde urbano del partido de Bahía Blanca, Ordenanza 13961-2006 y posee media sanción en el Senado como Espacio Verde de Interés Provincial-2023), en el barrio de Villa Bordeu y en Gral Cerri.
Chañar (Geoffroea decorticans)
Si bien se cuenta con pocos registros de cómo era el espacio que actualmente ocupa la ciudad de Bahía Blanca, se cree que junto con el caldén (Neltuma caldenia), el chañar conformaba la flora predominante de nuestro paisaje, agrupandose en pequeños montes o isletas que reciben el nombre de “chañarales”, adquiriendo formas achaparradas, de porte bajo y “desprolijo”. Actualmente, el chañar en nuestra ciudad es una especie casi extinta, con unos pocos grupos de ejemplares sobrevivientes (Carlos Villamil en La Nueva, 19/10/2018).
Uno de esos sitios relictuales lo conforma el bosquecillo ubicado en la intersección de las avenidas Fortaleza Protectora Argentina y Cabrera, Reconocido como Patrimonio Urbano por Ordenanza Municipal N.º 9114 (1996), constituido por unos pocos y jóvenes ejemplares, y algunos ejemplares aislados más añosos que se conservan como ejemplares del arbolado urbano en Barrio Palihue (Dicek, 2009). Sobre la calle Agustín de Arrieta al 1200, frente al Instituto Superior de Formación Docente Nº 86 “Cacique Valentín Sayhueque” y detrás del Parque Independencia, se encuentra otro bosquecillo que ocupa un espacio un menor al mencionado pero con una mayor densidad de ejemplares jóvenes y menos expuestos al disturbio que el anterior, que frecuentemente es objeto de roturas o incendios (Leandro Marbán, obs. Pers.). Fuera de la ciudad, aún pueden encontrarse algunos chañarales que resisten el paso del tiempo y cambios de vida de la población urbana, tanto en barrios periféricos como Villa Bordeu o Los Chañares (que obviamente reciben su nombre de esta especie) como en los alrededores de Bahía Blanca.
Su fruto rojizo de sabor dulce y agradable era utilizado tradicionalmente por las tribus ranqueles para elaborar dulces (kochi), bebidas (treko) y licores alcohólicos (chucalpulku) (Dicek, 2009) y en las regiones secas del centro y norte de Argentina se emplea para la preparación de arrope de chañar. Tanto sus frutos como hojas, flores y cortezas son usados como medicina folclórica por sus propiedades expectorantes y por su efectividad para combatir la tos y otras afecciones respiratorias, contra dolores hepáticos, para el dolor de oído, como abortivo, antidarreico, antiasmatico, analgésicos, antioxidante, etc. (Reynoso et al., 2016), muchos de ellos avalados por la ciencia.
Su explotación como especie maderera también se encuentra documentada en la zona. Existen registros que atestiguan que hacia finales del siglo XIX, los chañares que se encontraban presentes en las islas del estuario de Bahía Blanca fueron fuertemente explotados ya que proveían una fuente de energía barata y abundante (Cinti, 2017). Inclusive hasta hace no mucho, el bosquecillo de chañares que se encuentra actualmente protegido por ordenanza fue talado por la gente de sector que los utilizó por mucho tiempo como leña (Oscar Giqueaux en La Nueva, 19/10/2018).
Por su valor como patrimonio natural histórico y la vulnerabilidad de los ejemplares que aun sobreviven dentro o en cercanías de la ciudad, es importante que esta especie sea incluida como especie emblemática del Partido de Bahía Blanca.
Malvita rosada (Modiolastrum australe)
Esta hierba es una malvacea perenne, rastrera, que puede alcanzar los 15 cm de altura, por lo que tiene gran potencial como cubre suelos. Florece en primavera, dando flores pequeñas, solitarias y rosadas. Crece en céspedes degradados, plazas, parques y jardines (Sanhueza et al. 2016). Luego de la floración sigue siendo vistosa, tapizando estos sitios de color verde oscuro. Es una especie endémica de los alrededores de Bahía Blanca, encontrándose exclusivamente en el sur de la provincia de Buenos Aires. Por mucho tiempo fue considerada una especie rara, ya que sólo había sido coleccionada a orillas del río Sauce Grande, en el sur de la provincia de Buenos Aires, pero más tarde se observó que se trataba de una especie que crece espontáneamente en parques y jardines de la ciudad de Bahía Blanca (Anderson y Delhey, 1997). Por su reducida distribución ha sido catalogada en peligro crítico en la provincia de Buenos Aires (Delucchi, 2006) y en la categoría de amenaza 5 de la lista PlanEar (2008). Aquí la llamamos “Malvita rosada” pero no tiene un nombre vulgar debido a su acotada distribución y por ser poco conocida. Su incorporación a la lista de especies emblemáticas hará que se conozca para poder valorarla y conservarla en los espacios verdes de nuestra ciudad y alrededores.
Palo azul (Cyclolepis genistoides)
Este arbusto de la familia Asteraceae puede alcanzar los 2,5 metros de altura. Posee gran cantidad de ramas rígidas de color gris azulado, estriadas, con espinas y pelos, y hojas pequeñas y caducas. Estas ramas espinosas y densas proporcionan refugio para diversas especies de aves, pequeños mamíferos e insectos. A mediados de primavera y verano aparecen sus flores de color amarillento agrupadas en capítulos solitarios. El fruto es un aquenio pequeño, cilíndrico, con papus formado por numerosos pelos que facilitan la dispersión de sus semillas por el viento (Sanhueza, 2016).
Esta especie se distribuye en Paraguay y Argentina. En la provincia de Buenos Aires se encuentra únicamente desde Bahía Blanca hacia el sur. Es una planta característica de lugares salinos y en nuestra zona es abundante en los arbustales de las áreas costeras y salitrales: Salitral de la Vidriera, Gral. Daniel Cerri, islas del estuario (Nebbia et al., 2007). Su presencia contribuye a la biodiversidad, la estabilidad del suelo y la belleza de estos paisajes naturales. Además, se encuentra difundida en herboristería y se le atribuyen propiedades medicinales de conocimiento popular como remedio diurético, por lo que su valor cultural y tradicional lo convierte en una especie de gran importancia para las comunidades locales. Su nombre lo recibe debido al tinte que es posible obtener realizando la infusión de sus raíces.
Espartina (Spartina alterniflora)
Si bien estudios recientes sostienen que esta especie habría ingresado desde América del Norte hace dos siglos, logrando establecerse exitosamente en distintos sectores costeros (Bortolus et al., 2015), la espartina es un elemento del paisaje que no sólo genera una identidad propia sino que también presta una serie de beneficios tanto para la biodiversidad como para el desarrollo de la vida humana (Isacch, et al., 2015). La existencia de un puerto profundo con aguas calmas es posible gracias al poder de amortiguación de las olas que cumplen estos “pastos”, junto con las planicies de marea y canales. También disminuyen la erosión de los canales, reteniendo los sedimentos, fijan grandes cantidades de dióxido de carbono que lo incorporan como materia orgánica que queda disponible para otros organismos, son importantes en el ciclado de nutrientes y regulación de los gases atmosféricos, dan refugio y protección a la vida silvestre del estuario, proveen de alimento y forraje inclusive a especies que se desplazan desde el continente para aprovechar la época en que semillan. Por todo esto, son verdaderos ingenieros de ambientes.
Además, también son responsables de los cambios estacionales que se aprecian en nuestro estuario. Así como el otoño se evidencia en la caída de las hojas de muchos árboles, en nuestro estuario su llegada hace que las grandes superficies de espartinas color verde brillante se vuelvan a tonos dorados, que intensifican sus colores con los atardeceres, originando postales únicas. Esta visibilidad constituye un emblema para nuestra zona, por lo que consideramos que debe estar incluida en la presente Ordenanza. Además, su figura puede ser una invitación para acercarse a otras especies que dependen en algún grado de sus servicios ecosistémicos y profundizar en algunas de las problemáticas ambientales que los amenazan.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL HONORABLE CONCEJO DELIBERANTE DE BAHIA BLANCA, A LOS VEINTISEIS DÍAS DEL MES DE MARZO DE DOS MIL VEINTISEIS.